SUERTE Y MALA SUERTE: SUPERSTICIÓN








“En Martes, ni te cases, ni te embarques” y ¡cuidado! No se te cruce un gato negro.
¿Has dicho algo que temes que suceda? Pues “toca madera”. Si por el contrario deseas que aquello se haga realidad; “cruza los dedos” pero vigila, no se un “Martes trece” y por supuesto “no pases por debajo de una escalera”… En definitiva; “que la suerte te acompañe” y por si acaso “pon una vela…” Frases, dichos y amuletos y con ellos, algunos de nuestros temores y algunos de nuestros deseos. En una palabra; superstición; suerte y mala suerte.

El tema que hoy nos ocupa, me resulta interesantísimo desde la visión Psicológica y por ello he querido indagar sobre él. La superstición, es un conocido fenómeno que tiene mucho poder para algunas personas y que sin duda está directamente relacionado con la cognición y la conducta. Veamos cómo impera en nuestra mente y de qué manera lo hace.

Sin duda la superstición es un pensamiento mágico que nos llega de tiempos muy antiguos. No hace falta hablar de brujas y amuletos y las creencias que ha habido sobre estos símbolos. Sabemos que desde diferentes culturas y desde diferentes tiempos históricos, la suerte ha sido algo que se ha dejado en manos ajenas y que se ha vivido desde tradiciones y rituales variopintos. Ahora bien, ¿todos los rituales y creencias que hay en torno a la suerte son supersticiones? Hay quien afirma que hay una fina línea que las separa. Por una parte, que alguien haga un ritual antes de enfrentarse a una cosa determinada e importante, no supondría una superstición. Pero si delante de ese mismo acto, debe realizarse ese ritual un número aproximado de veces con el fin de conseguir dicho propósito entonces estaríamos hablando de algo supersticioso, que en términos psicológicos pasaría a ser una conducta compulsiva. Pero nos preguntamos; ¿Realmente hacer un pequeño ritual antes de enfrentarse a algo relevante o tener una creencia determinada no es superstición? Es más; ¿En el caso que lo sea aporta algún beneficio psicológico?

En primer lugar, cabe decir que la superstición es una creencia irracional, que quien la siente la justifica desde la racionalidad, ¿Y cómo funciona esto? Pues porque surge cuando un reforzador se produce contiguo a un comportamiento independiente. Esto es por ejemplo; si a usted se le cruza un gato negro y minutos más tarde, recibe una mala noticia, es probable que la persona pueda hacer una asociación y ese estímulo quede reforzado (ha pasado esto porque se me he cruzado un gato negro). De esta manera la creencia queda justificada para el individuo. De la misma manera, si alguien siente la necesidad de hacer uso de algún amuleto o ritual para hacer algo concreto, cuando ese “algo” sucede, la explicación cognitiva se justifica desde esa creencia. (Esto ha ido bien, gracias a “este” amuleto).

En segundo lugar y para responder a la cuestión de los beneficios psicológicos de este fenómeno, haremos uso de las investigaciones realizadas por el profesor de Psicología Stuart A. Vyse, (2000). Dicho autor, se preguntó por qué la gente racional creía en cosas tan aparentemente racionales y si esto aportaba algún beneficio psicológico para ellos. La respuesta es contundente; sí. La superstición es beneficiosa desde el punto de vista de que funciona como una sensación de control ante los diversos retos e incertidumbres a los que se enfrenta el ser humano. Vyse también afirma que los rituales supersticiosos pueden reducir la tensión. De la misma manera, afirma, que la superstición llevada al extremo puede tener graves consecuencias.

Por otro lado y yendo más allá, existen estudios, publicados en el 2010, por la revista “Psychological Science” que afirman que hacer un acto tal, como por ejemplo “cruzar los dedos” antes de enfrentarse a una situación que se desea, provoca un mayor rendimiento ante la misma. Más concretamente, este experimento muestra que las acciones relacionadas con la suerte, tales como; usar un amuleto, repetir una frase o hacer un acto ritualizado mejora el rendimiento en la destreza motora, la memoria y el juego. Esto se explica mediante una percepción de autoeficacia.
En otras palabras; activar un pensamiento o acto supersticioso, aumenta la confianza en el dominio de la tarea que se va a realizar y en consecuencia el rendimiento.
Entrando en un plano cognitivo, estos estudios demostrarían que cualquier creencia o acto que nos ayude a confiar en que podemos conseguir algo, tiene el mismo poder para nosotros que nuestra propia actuación. La creencia de lograrlo o no, afecta a nuestra capacidad para conseguirlo.


En resumen; la superstición es un pensamiento mágico, que quien la siente, la justifica con estímulos asociados. Según las investigaciones psicológicas de las que disponemos hacer un ritual en un momento dado o creer que se puede lograr algo con un amuleto, no solo puede tener beneficios sino que además puede mejorar el rendimiento de la tarea que se realiza y reducir tensiones. Como todo, llevado al extremo puede ser patológico y traer consecuencias negativas. Algunos creen que la suerte y la mala suerte dependen de factores externos. Quizás es un modo de consuelo y de ayuda, quizás es un modo de no asumir responsabilidades o quizás es un modo humano de justificar algunas cosas que nos pasan




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