¿POR QUÉ ME ABURRO?







¿Qué hago? Y de repente una sensación tediosa invade cualquier opción que se te asoma a la mente. Descartas alternativas porque no te resultan atractivas, porque son costosas de realizar y no te inspiran lo suficiente o simplemente porque te crean rutina y te cansan. Estar aburrido, es algo que todo el mundo ha experimentado alguna vez. Algunas personas incluso lo sienten crónico. ¿Por qué? ¿Por qué nos aburrimos?

Estar aburrido no solo implica inactividad e inapetencia. Resulta algo más complejo. El aburrimiento esconde razones que tienen que ver con nuestro estilo de vida, con nuestra personalidad, con el modo en que percibimos la vida y con nuestro estado emocional. Ciertamente, sentir aburrimiento es algo que puede pasarle a cualquier ser humano en un momento determinado, pero estar siempre aburrido es una señal de alarma que no debemos desatender. Detrás del desinterés hay algo en nosotros que nos advierte de que toca cambiar de actitud. De lo contrario, podemos convertir el aburrimiento en una poderosa apatía difícil de salvar.

Las teorías sobre el aburrimiento son varias y distintas. Todas ellas con razón, todo y que algunas son más interesantes que otras. Hay quien dice que las personas inquietas y a las cuales les gusta la búsqueda de nuevas sensaciones, tienen más propensión al aburrimiento debido a que pueden sentir frustración cuando no hallan nuevos estímulos o los que disfrutan les resultan repetitivos. Por el contrario, las personas creativas serían menos vulnerables, por el hecho de saber encontrar siempre algo en lo que motivarse. También hay quien apunta que el responsable del aburrimiento es el cerebro debido a la activación de los estímulos nuevos y la habituación a los ya conocidos.

A mi entender, el hastío responde a un conjunto de factores que pueden o no tener relación, dependiendo de la personalidad del individuo. Ciertamente los motivos por los cuales nos sentimos aburridos son:

Falta de concentración; las personas a las cuales les resulta más difícil concentrarse suelen ser más vulnerables al aburrimiento. Focalizar la atención nos ayuda a distraernos. Con una baja atención sostenida, las tareas que realizamos nos resultan más fatigantes.

Falta de motivación: cuando sentimos que estamos tristes o apáticos o cuando la rutina invade nuestro ir y venir, el aburrimiento se apodera de nosotros de una manera tan veloz como molesta.

Nivel de frustración vital: las personas que se sienten insatisfechas o que mantienen una actitud negativa frente a la vida, suelen mostrar menos interés ante nuevos estímulos o pueden tener mayor dificultad para disfrutar de una actividad interesante.

La crítica desmedida; analizar cada cosa que hacemos y ponernos demasiado críticos con las situaciones, no nos ayudará a buscar la distracción, pues quizás encontremos desventajas que no nos motiven a realizar la acción.

El aburrimiento social; cuando nos rodeamos de personas que sienten apatía ante diversas opciones a realizar, suele darse una especie de aburrimiento colectivo que impide que se lleve a cabo una determinada distracción.

La concentración del propio estado emocional: una persona que está muy pendiente de su estado emocional, suele estar en riesgo de padecer aburrimiento. Escucharse es bueno, medir qué es lo que sentimos a cada rato, no tanto.

Nivel de activación: una persona que se siente enérgica tiene menos probabilidades de aburrirse que otra que se siente cansada.

La dificultad en mantener relaciones sociales y el desinterés generalizado por todo lo que nos ofrece la vida pueden tener también una relación muy estrecha con el aburrimiento.



¿Predisposición al aburrimiento?

Creo que sí, que hay personas más predispuestas que otras a padecer aburrimiento crónico. Hablo de aquellas personas que suelen estar cansadas, antes de realizar cualquier acción. Hablo también de la tendencia a la apatía y a la abulia y a la actitud negativa per se. Si esto sucede, toca revisar qué es lo que está sucediendo y cómo puede combatirse.

Por último quiero hacer hincapié en un punto muy importante y es el de la consecuencia que trae el aburrimiento. Insatisfacción e inapetencia se dan de la mano. Cuando uno siente esa sensación, llega el vacío y éste puede canalizarse de muchas formas; ansiedad, adicción y otras conductas compulsivas… creo firmemente, tras mis años de experiencia en el campo de la psicología que muchas conductas dañinas que nos pasan son por aburrimiento.

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