“NO ME AMES”: CUANDO EL ANSIA DE TENER PAREJA, LA AHUYENTA.







Una de las preocupaciones más comunes que giran en torno el amor, es el deseo de encontrarlo. A menudo me encuentro con personas que viven desesperanzadas por no conseguir una pareja estable y la buscan incansables, como si ese fuera el único objetivo claro de sus vidas. En el intento, no solo dejan todos sus esfuerzos, sino que, sin que se den cuenta, lanzan un mensaje al vacío que dice algo así como; “queriendo encontrarte solo consigo ahuyentarte”. Parece mentira, pero cuando el deseo de amar se convierte en necesidad y ansia, suele provocar en el otro, justo lo contrario: rechazo y huida.

La presión social, el anhelo ideal del amor romántico, el miedo a la soledad… y la propia ansiedad como punto de partida, hacen que mucha gente se desespere porque no tiene una pareja a su lado. Estas personas, suelen hacer del amor un proyecto, que debe cumplirse sí o sí y como tal hacen mil peripecias para alcanzar lo que tanto tiempo han diseñado en su cabeza. No conocen a otros, buscan a otros. No se permiten enamorarse, se “obligan” a enamorarse y no conciben el amor como algo que nace y se desarrolla sino que conciben el amor como algo debe darse. Con estos “deberías” a menudo consiguen la frustración y se sientan preguntándose qué es lo que falla.

Ciertamente, para que el amor surja, hacen falta muchos ingredientes, pero uno de ellos es NO buscarlo desesperadamente, sino dejar que fluya. Cuando nos empecinamos en que ello aparezca como si de una apuesta que hemos de ganar se tratara, sin duda perdemos. Las consecuencias de dicha obsesión traen frustración, malestar, baja autoestima, sensación de fracaso y rechazo y un aumento de la ansiedad. Además, suele ser habitual que la atención por este aspecto (el hecho de tener que conseguir pareja) se focalice solo hacia ese punto, dejando otros intereses a aparte y provocando así mucho malestar psicológico y bajo rendimiento en otros aspectos de nuestra vida. La motivación por amar se transforma en la obsesión por amar.

A nivel cognitivo y como consecuencia a nivel emocional, hay una diferencia entre decir; “me encantaría enamorarme” y “necesito enamorarme”. Si nos fijamos, solo cambian los verbos pero la manera en la que pensamos, determina la manera en la que nos sentimos. No nos estamos diciendo lo mismo. En el primer pensamiento deseamos y en el segundo necesitamos. Por supuesto uno u otro pensamiento nos traen sentimientos bien distintos.

Los seres humanos tenemos tendencia a exigirnos metas continuamente y de ahí vienen muchos de nuestros sufrimientos. “Debo sentirme bien”, “debo ser feliz”, “no debo fallar”, “debo amar”…y la lista se amplía hasta sentirnos ahogados y a menudo frustrados. Creo que es interesante permitirnos ser humanos y cambiar este tipo de cogniciones por las del tipo; “me encantaría sentirme bien pero si algún día no lo estoy no ocurre nada”, “creo que es importante que esto lo haga bien, pero si no sale de esta manera, es porque tengo la licencia para errar”… y en el amor pues “sería fantástico compartir, sabiendo que tal vez no es posible”.



Es importante revisar, qué hay detrás de la necesidad de buscar el amor de forma desesperada. Aprendemos a identificar nuestras carencias y lo que se esconde detrás de las mismas. Fortalecemos la única autoestima capaz de todo, que es la nuestra propia y ponemos “nombres y apellidos” a esa ansiedad que nos hace perseguir tan exasperadamente y sin sentido los “deberías” absolutos que nos imponemos. Cuando se trata de lograr el amor como único objetivo en nuestra vida, lo que estamos haciendo es “pedir que nos amen”, como si fuéramos huérfanos afectivos y como si nuestra autoestima pudiera estar en manos de cualquiera. Los otros perciben nuestra desesperación y es probable que huyan. Así pensemos que el mensaje que les estamos transmitiendo en realidad es; “no me ames”.

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