PERDONAR NOS HACE ESTAR MÁS SANOS Y FELICES… EL RENCOR NOS MATA.




Nuestra vida y sus circunstancias, nuestras relaciones con los demás, la manera en la que nos afrontamos a las pérdidas y a las frustraciones, nuestra percepción de nosotros mismos y nuestra autoestima, nuestra capacidad de resilencia, y nuestro particular modo de interpretar las cosas que vivimos y sentimos determinan en gran medida nuestra salud física y psicológica. Vivir en la queja, en el resentimiento, en la negatividad y en el rencor no solo nos produce malestar sino que también nos hace enfermar. Pero está claro, nos pasan cosas. Vivimos y por lo tanto sentimos. Las emociones positivas nos producen bienestar y nos hacen sentir felices pero las emociones negativas nos producen dolor. Es inevitable vivir emociones negativas pero es evitable hacerlas más dramáticas y dañinas. No es teoría sí práctica. Una práctica interna que nos aporta más beneficios que desventajas. De entre todas las cosas que sentimos, hay una que nos aporta mucha salud, que nos libera y que nos hace ser más felices. Ésta es la de perdonar. No se trata de “ir poniendo la otra mejilla” se trata de aprender a aceptar y aprender que no somos mejores que los demás.


La psicología me apasiona en su totalidad, pero el tema del perdón me entusiasma especialmente por su complejidad. Cuando nos sentimos dolidos desatamos nuestra fiera interior. Cada cual a su manera pero en todos los casos en una manera lacerante. Perdonar no nos resulta fácil y los sentimientos negativos asociados al perdón son muy peligrosos para nuestra salud psicológica. En ocasiones, cuando trato este tema en pláticas, veo como el veneno del rencor, la rabia y el odio se apoderan rápidamente del sujeto creando un bucle destructivo y desolador. Y eso al único lugar al que nos lleva es al de crear sentimientos tóxicos para nosotros. Ciertamente es un tema delicado, que requiere de dedicación y esfuerzo pero que yo, considero básico para nuestra felicidad. Perdonar es soltar y soltar nos hace libres.

Everett Worthington es un prestigiado psicólogo, investigador y catedrático de la Universidad de Virginia. Sus más de veinte libros escritos y sus investigaciones acerca del perdón y la reconciliación entre parejas y familias han traído la victoria a muchas personas. Este célebre autor distingue entre dos tipos de perdón. El perdón decisional, que es aquel que “implica la decisión de perdonar una ofensa personal, dejar ir los sentimientos negativos hacia la persona que le hirió”. Suele utilizarse en la reparación y en la reconciliación de las relaciones, y el perdón emocional “que implica la sustitución de sentimientos negativos por otros positivos como la simpatía, la compasión y la empatía”.

Según las investigaciones de Everett, está demostrado que este segundo tipo de perdón, el perdón emocional, trae beneficios para nuestra salud física tales como una reducción del estrés, fortalece el sistema inmunitario y reduce los problemas cardiovasculares. De manera contraria el resentimiento es muy perjudicial para nosotros ya que eleva el riesgo de infarto y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debilita el sistema inmunitario, eleva los niveles de cortisol, afecta a las funciones digestivas y sexuales y“estadísticamente las personas con resentimiento mueren antes”. Nuestra salud mental no es menos y ésta también se ve afectada. Ante el rencor pueden darse trastornos de ansiedad, depresión, incluso un trastorno obsesivo compulsivo.

Everett afirma que se puede aprender a ser más tolerante y para ello ha diseñado un programa de cinco pasos para llegar a alcanzar el perdón emocional. ¿Su método? El proceso REACH, que ha alcanzado el éxito en más de veinte estudios científicos controlados. Las siglas de este procedimiento encierran una práctica sanadora:


·         R de recordar; Este primer paso consiste en recordar lo sucedido sin victimismo. Se trata de rememorar con la mayor objetividad posible. No desde “pobre de mí lo que me han hecho”, sino tomando conciencia de que ha sucedido algo, e intentando minimizar el impacto del hecho.

·         E de empatizar; Intentar entender los motivos por los cuales la persona ha hecho lo que ha hecho, reparando al mismo tiempo en la responsabilidad propia. La empatía empezará a ayudar a sanar la herida

·         A de altruismo; Entregar el perdón como un regalo, de manera desinteresada. Aquí nos puede ayudar pensar en cuando nos perdonaron a nosotros alguna vez (un padre, un amigo, una pareja...) y ahora hacer tú lo mismo. Devolver el regalo a alguien que te ha herido. No nos ayudará cerrarnos en nosotros mismos y tratar de entender. Sí nos ayudará ofrecer, dar, regalar el perdón y ello nos traerá asociados sentimientos positivos y más constructivos para nosotros.

·         C de compromiso; comprometerse con uno mismo con ese perdón. Puede ayudar escribirse una nota a uno mismo y poner algo así como “hoy he perdonado a tal persona” y no solo me comprometo con ello, sino que al mismo tiempo me libero y también me estoy perdonando a mí mismo por sacarme de encima ese peso.

·         H de Hold (aferrarse a él); Sostenernos en el perdón. Ya que probablemente vendrán momentos en que dudemos de si hemos hecho bien en perdonar. Ya hemos perdonado y por lo tanto tomamos nos aferramos a no tener sentimientos negativos ante ello.






Por otra parte, el catedrático también distingue entre los “delitos”, más difíciles de perdonar, trabaja con la reconciliación de parejas y familias y nos acerca al perdón en las religiones. Más de doscientos artículos escritos abogan la práctica del perdón en todas nuestras vivencias. Tampoco se olvida de tratar el auto perdón como parte esencial de liberación y crecimiento. “Creo que las personas no perdonan a menudo”  Él se ha propuesto divulgar por el mundo este ejercicio. Tras una vida personal en la que ha tenido que pasar por el mismo proceso dice; “perdonar sana”  No cabe duda que estar en paz con el rencor, es estar en paz con uno mismo y eso de por si ya es saludable.

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