LA VOCACIÓN: ¿UNA ELECCIÓN QUE REFLEJA LO QUE SOMOS?





“Nunca podría trabajar de esto…”  –dicen por ahí y aunque la necesidad obligue, hay labores que sólo pueden realizarse si se tiene una verdadera vocación. Yo no podría dedicarme a lo que hace mi hermana, ella no podría dedicarse a lo que hago yo. Ilusiones distintas, gustos dispares, ambiciones, reflejos e inquietudes se apoderan de cada uno de nosotros de manera muy personal. Hablemos de ella, de la dueña de la identificación personal. ¿Qué es la vocación? ¿Puede aprenderse?

Algunos dicen que la vocación se descubre con los años, otros que responde a un “llamado” repentino del ser. Sea como sea es un rasgo distintivo que atrapa a las personas de modo desigual. A pesar de que cuando somos pequeños todos queremos ser astronautas, bailarinas o cantantes, cuando vamos desarrollando nuestra personalidad vamos identificándonos con “algo” que nos llama la atención. De este modo crecemos y vamos definiendo un gusto por una cuestión concreta (o por muchas, que también puede ser) Pepe le comenta a sus amigos que le gustaría ser médico, mientras que Gustavo explica que él quiere ser pintor. Uno habla de su pasión por la medicina y el otro de su entusiasmo por el arte. ¿Son sólo gustos? O ¿en esa predilección se esconde un verdadero frenesí por desarrollar parte de lo que somos?


Las teorías acerca de la vocación son variadas. En primer lugar me gustaría diferenciar entre elección y vocación. Desde mi punto de vista, ambos términos aunque vayan ligados son muy distintos a la hora de desarrollar una labor. La elección puede corresponder a motivos varios tales como circunstancias causales o fortuitas. Esto es; elijo dedicarme a “algo” porque se ha dado una exposición no planificada (por desconocimiento, por inquietud en querer probar, por causas económicas, por curiosidad, porque alguien me lo ha recomendado, por motivos inesperados, etc…) Es decir; esta es la teoría del azar. Aquí lo que manda es el locus de control externo. Las leyes de la oferta y la demanda, también estarían dentro de las teorías que yo llamo de elección. Elijo en función de la ocupación que pueda traerme más ventajas (económicas o no). Por último tendríamos la elección por factores sociológicos. Esto implica elegir bajo los influjos de las tendencias de la sociedad. Se valoran las metas y objetivos dentro de una cultura y sociedad determinada. En todas estas teorías acerca de la vocación hay elección claro está, pero no una vocación propiamente dicha, en términos psicológicos.

La vocación es más... más espontánea, menos “planificada” y corresponde a las características y al funcionamiento del individuo. Se explica por motivos en términos de identificación con el “self”, impulsos, faltas y deseos. Del latín vocare, significa llamar y podría decirse que es el reclamo a satisfacer una necesidad. Varias son las explicaciones psicológicas que hablan de dichos factores. Antes de adentrarnos a ellas, cabe destacar que la vocación permite al ser humano desarrollar sus habilidades, actitudes e intereses y de este modo autorrealizarse. Veamos.

Teoría de rasgos y factores: esta teoría relaciona las características personales de un sujeto, con la elección que hace de una ocupación concreta.

Teorías psicodinámicas: donde entrarían los conceptos del “self”. Algunos autores sostienen que un sujeto desempeña aquellas actividades en la vida que le permiten descubrir quién es y qué quiere ser. También está quien justifica que la vocación se basa en la satisfacción de necesidades. Erikson defiende que los hombres desarrollan su vocación en función de sus deseos y necesidades y son estos mismos los que llevan a la motivación de la conducta vocacional. Cueli (1985) sin embargo define este vocablo como el término que implica cubrir una necesidad no satisfecha. Para él es un impulso que lleva a la tranquilidad cuando se realiza la acción “no satisfecha” y que requiere de conciencia personal y voluntad para llevarla a cabo. Las teorías psicoanalíticas hablan de impulsos. El trabajo refleja la propia necesidad y es considerado una sublimación.
Por otra parte, Vidales (1985) afirma que la vocación no es innata. Se desarrolla dentro de la cultura y la sociedad en la que vive el sujeto. Esta teoría se engloba dentro de la influencia social. Otros autores defienden la misma idea y agregan que la vocación se transforma a medida que se crece, se conoce y se vive. La idea de que es algo que va implícito al nacimiento no se contempla y la mayoría de autores atribuyen a la vocación algo que se descubre a través del tiempo y que está inmerso en el desarrollo psicológico (consciente o inconsciente).






En resumen; la vocación propiamente dicha responde a necesidades del individuo. Aunque sea una elección está impulsada por nuestro desarrollo psicológico, en nuestros aprendizajes, en nuestros gustos y en nuestro “yo” más profundo. La mayoría de investigadores comentan que no se nace con ella. Hay quien da más peso a la cultura y a la condición social y otros que atribuyen su razón de ser en lo más profundo del ser. Sea como sea elegimos y en esa elección hay mucho de nosotros.

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