¿POR QUÉ AQUELLO QUE TANTO TEMO, AL FINAL SUCEDE? : PROFECÍA AUTOCUMPLIDA





María piensa que su novio la dejará. No hay motivos para ello, pero ella lo cree firmemente. Sus miedos boicotean la relación hasta llegar al objeto temido; su novio la deja.

Roberto ha estudiado para el examen pero se auto convence que suspenderá. Su inseguridad lo sostiene y en su intento (ficticio) de aprobar, saca al fin mala nota.

Carlos mantiene la creencia de que su compañero de trabajo lo detesta. En su convicción, el compañero termina no saludándolo.




La profecía autocumplida es sin duda una de mis teorías preferidas. En estructura psicológica es perfecta. Nada sucede por casualidad y más cuando de creencias se trata. ¿Por qué aquello que tanto tememos al final termina sucediendo? ¿Por qué nuestras convicciones tienden a darnos la razón aun cuando deseamos que ocurra de manera contraria? Está claro, el ser humano tiene esa extraña tendencia a confirmar sus autoconceptos (teoría de la autoverificación, Swann, 1987).
Robert K. Merton fue un sociólogo estadounidense que investigó y acuñó el término de “profecía autocumplida”. A través de sus estudios y observaciones llegó a demostrar el proceso por el cual una persona es capaz de confirmar su propia creencia con el modo de comportarse. Las creencias pueden ser positivas o negativas y éstas generan comportamientos fieles a la propia autoconvicción. En los ejemplos anteriores vemos como los sujetos de alguna manera esperan la respuesta que ellos han ideado. Puede que el novio de María la ame mucho pero si en su intento de acercarse a ella, la muchacha cree que no es amada, hará lo posible para confirmar sus temidos deseos. Lo mismo pasa con Roberto a pesar de que se sepa la lección o con Carlos aun sin saber qué concepto tiene de él su compañero de trabajo. En resumen podemos decir que esta teoría es una falsa definición (pero definición al fin y al cabo) que llega a convertirse en verdadera como modo de demostrar que estábamos en lo cierto. Si por ejemplo nos empeñamos en pensar que nadie nos querrá porque no valemos lo suficiente para que nadie nos quiera, actuaremos como tal, haciendo que aquello que tanto evitamos, acabe sucediendo.
A menudo, escuchando a la gente me pregunto por qué hacen todo lo contrario a lo que realmente desean. Existe un sabotaje oculto hacia uno mismo que desvía toda atención a canalizar lo que uno anhela de verdad. Lo que está claro es que no solo somos nuestro peor juez sino que la manera en la que nos juzgamos se traduce en nuestros actos, nuestras conductas y al final aquello que tanto tememos, lo atraemos y con la atracción se llega a la realidad. Una realidad que fue temida pero firmemente convencida.
Imaginen ustedes qué poder tenemos a la hora de pensar y a la hora de convencernos de que algo (bueno o malo) va a suceder. A partir de una creencia cualquiera tendemos a tratar a esa persona o situación de la manera que coincida con ella y en consecuencia esa persona o situación responderá a nuestra confirmación. Repito; en estructura psicológica me parece algo perfecto.






¿Soluciones?

Detecta tus pensamientos. Detente a reflexionar sobre cómo estás pensando acerca de algo o alguien. Intenta diferenciar entre el miedo y la realidad y fíjate en las creencias limitantes que sostienen aquello que temes. No hay nada con más poder que el pensamiento a la hora de actuar de acuerdo con él. Si estás preparado para un examen ¿por qué no vas a aprobarlo? Uno debe diferenciar el miedo al fracaso de la convicción del fracaso. Del mismo modo ¿Por qué no puede ser que mi pareja me ame? Si sostengo que se irá de mi lado, con mi conducta marchará rápido. De manera contraria si confío en que todo saldrá bien, pondré todo mi pensamiento, mi actitud y mi comportamiento en que así suceda. Si Carlos cambia su parecer respecto a su compañero de trabajo y cuando llega por la mañana le da los buenos días con una sonrisa, probablemente el compañero no le negará el saludo. ¿Magia? No. Las cosas suceden pero nosotros somos los que hacemos que adopten una realidad u otra. No puede ser de otra manera. Las cosas no son como son, son como somos.


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