LAS ETIQUETAS Y AUTO ETIQUETAS PSICOLÓGICAS: UNA NECESIDAD ENGAÑOSA.







El ser humano necesita muy a menudo poner nombre a todo lo que le sucede. Es una manera de situarse, de “autoconocerse”, de definirse y al mismo tiempo de buscar soluciones cuando lo que le acontece no le satisface o le duele. De esta manera, las personas solemos encasillar nuestras vivencias en estados anímicos, pero a veces con demasiada preocupación. La mayoría de historias que escucho, les precede un subtítulo a modo de diagnóstico. Algo así como; “yo sé lo que me pasa y es que estoy estresado, ansioso, depre o tengo síndrome postvacacional...”. Cada uno se encuadra en una etiqueta concreta, y en muchas ocasiones, con el gran convencimiento de que lo que le pasa es malo y perjudicial. ¿No será que hemos caído en la mala costumbre de apellidar todas las vivencias que experimentamos como seres humanos, catalogándolas como patológicas?

Existe el estrés, existe la ansiedad y la depresión pero también existe el autoconvecimiento, y porque no decirlo, también la normalidad. Con ello quiero decir que observo una tendencia desmesurada en atribuirse estados negativos, cuando lo que nos pasa a veces sí es triste pero no patológico ni grave. Creo que todos deberíamos ir más al psicólogo pero no por no sentirnos bien sino para potenciar más nuestras fortalezas y para darnos cuenta que no es tan necesario autoetiquetarnos y preocuparnos, sino que es más importante mejorarnos y aprender a felicitarnos cuando toca.

Todas las patologías, merecen mi gran respeto. Deben ser tratadas y los profesionales de la salud debemos poner todas nuestras capacidades para abordarlas de la mejor manera posible. Ciertamente el dolor psicológico es tan o más potente que el físico (que suelen ir juntos) y a veces sin que exista un trastorno propiamente dicho, se sufre muchísimo, pero debemos ser más tolerantes con nosotros mismos y evitar los sellos. A mi modo de entender no nos favorece encasillarnos en títulos. Cito en este caso a Hipócrates; “es más importante saber qué clase de persona padece una enfermedad, que saber qué clase de enfermedad padece una persona”.

Está de moda etiquetar, en exceso. Si bien siempre hemos necesitado nombres para designar conductas concretas, hemos llegado al extremo del bautizo. Desde que estudié psicología, hace ya algunos años hasta hoy, salen a la luz nuevos y continuos síndromes que alertan a la población en busca de respuestas. Si bien es cierto que siempre hay más por descubrir y aprender, también es cierto que hay una inclinación en hacer de lo “normal” un grave problema. Leo cosas como el síndrome del tiempo libre para referirnos al estado por el cual pasa una persona que no se relaja en su tiempo de ocio. Ciertamente un síndrome es un conjunto de síntomas, pero no hablamos del síndrome de la alegría cuando experimento enamoramiento o contento por otro motivo y sí hablamos de síndrome cuando pasamos por momentos humanos en periodos de aclimatación. A muchas personas les cuesta relajarse en vacaciones y más cuando su ritmo cotidiano de trabajo es acelerado. Es una cuestión de adaptación natural, igual que lo tenemos a la vuelta a la rutina. Estamos hechos para mantener la homeostasis de nuestro cuerpo, así que cuando lo cambiamos, se dan irregularidades pasajeras y normales. Todo y que siempre puede haber casos en los que se dé una patología, no es lo habitual.

Todo ello hace que estemos continuamente diagnosticados por algo, según mi criterio en exceso, cuando la realidad es que como humanos vivimos cosas que nos hacen daño y no y que cuando son des adaptativas hay que tratarlas por supuesto, pero no desde el dictamen sino desde la armas que tenemos para salir de las malas situaciones, potenciando las habilidades que cada uno tiene o debe aprender para salir de las mismas. A mi modo de entender, una cosa es un trastorno y otra muy distinta las etiquetatitis que se pone con tanta facilidad y que normalmente no nos ayudan.



  

Creo que como seres humanos no tenemos “esto o lo otro”, creo que tenemos rasgos de personalidad que nos llevan a actuar de un modo u otro. Creo que vivimos y viviendo pasamos por momentos buenos y malos. Creo que a veces experimentamos situaciones de manera desadaptativa y sufrimos pero no por ello somos una X en el calendario. Por lo tanto no creo que yo sea “así” o “asá”. Somos muchas cosas, porque vivimos muchas experiencias distintas. Cuando éstas nos duelen y no tengamos herramientas para solventarlas hay que solicitar ayuda, pero no en busca de la etiqueta sino con la necesidad de buscar nuestro bienestar.

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