¡¡REBAJAS!! ¿Por qué nos gustan las ofertas?



“Pague una y llévese dos”
“Pantalón a $199.99”
“Inscripción gratuita hasta fin de mes”
“Por la compra de un gel, le regalamos la crema corporal”
“REBAJAS”

Da igual la época del año y del producto que se trate. Lo que está claro es que nos gustan las ofertas. No en vano, las estrategias de marketing atraen nuestra atención con productos que acaban en X’99, haciendo que asumamos que el precio es más barato. Tampoco es casualidad que a menudo, los euros aparezcan en pequeño y que se resalten los céntimos (cuestión visual que hace que se nos incite a percibir menor importe). Está claro que el azar aquí no existe. Todo está estudiado, para inducirnos a la compra. Pero ya no solo hablamos de estrategias de venta para llegar a nuestro bolsillo, sino que también hablamos del placer de adquirir elementos a bajo coste. ¿Por qué sucede? ¿Qué experimentamos? Y ¿Qué importancia tiene a nivel social?

Somos seres sociales. Como tales; nos comunicamos, compartimos aficiones, tradiciones, éxitos…y también nos comparamos. El consumismo de nuestra sociedad, está ligado a la competitividad. Comprar, no solo está bien visto, sino que obtener el mejor precio nos deja en una posición de triunfo. ¿Y a quién no le gusta ganar? Parece que lo de ir de rebajas o encontrar un saldo cuando menos lo esperas, nos crea la satisfacción de haber encontrado algo ÚNICO y ello nos hace gozar de una gran excitación emocional. Tanto es así que lo importante ya no es el objeto en cuestión, sino que lo que más nos place decir es; “¿a qué no sabes cuánto me ha costado?” Estamos entonces ante un factor de competitividad social. De esta manera, nos engrandecemos mostrando a los otros lo que hemos obtenido por poco dinero, y además aumentamos nuestro status social.

Evidentemente, otro de los factores que nos llevan a consumir productos rebajados, es el de la presión social y la publicidad. Estamos sometidos a un sinfín de estímulos poderosos que nos llevan de manera inconsciente a sacar la billetera. Por una parte, todas estas estrategias nos llevan a pensar que ahorramos en un producto determinado, sin darnos cuenta que a menudo empleamos el dinero ahorrado en otro/s y acabamos gastando más cantidad. Por otra parte, cuando vemos los artículos muy baratos pensamos que es una gran oportunidad que no podemos dejar escapar y de esta manera, nos fijamos más en el hecho de no perder esa ganga que en preguntarnos si realmente la necesitamos.

Premiarnos con un regalo es siempre algo deleitoso, pero si encima lo hacemos por un precio más que asequible entonces el deleite puede ser tremendamente potente, creando así una gran excitación emocional.





En resumen; un precio que marca $199.99 nos acerca más a los cien pesos que a los doscientos. El hecho de obtener ese producto nos aporta una sensación de éxito ante los demás. Que el producto sea barato es más importante que el objeto en sí y que caiga en nuestras manos nos activa en el cerebro una sensación de placer indescriptible.

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