"¡¡NO ME INTOXIQUES!!"…. LA IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES EN PERSONAS TÓXICAS



¿Cuantas veces nos encontramos con personas que nos quitan mucha energía?
Para iniciar con este tema pondremos un ejemplo que quizás muchos nos podamos sentir identificados en algún momento de nuestras vidas.


Carolina hoy entra a la casa con paso lento. Se sienta, deja caer sus brazos y sopla. Parece emocionalmente agotada y exhausta. Seguidamente verbaliza que “no puede más” y me comenta que Mónica, su compañera de oficina, acabará con ella. Observo a Carolina mientras habla. Sus gestos, al apoyar el codo sobre la mesa y sostener su cabeza, indican una preocupación excesiva. Su voz alta, mientras relata de qué manera Mónica le absorbe las energías, denota impotencia y rabia. Está claro, Carolina trabaja con una persona que la desgasta de tal manera que la intoxica de manera psicofísica.

Me gustaría hablar de ciertas personas que por elección o imposición nos encontramos en la vida y que suponen una verdadera carga para nuestro bienestar emocional. Me refiero a aquellos sujetos que tienen la mala habilidad de intoxicarnos con su continuo comportamiento negativo. Hablamos de personas victimistas, inestables emocionalmente, chantajistas, manipuladoras, intrusivas, sin límite y/o con la incapacidad de responsabilizarse de sus actos buscando culpabilizar a quien está a su lado.

El caso de Carolina es muy común. A menudo, suelo encontrarme con personas que relatan ansiedad, agobio, malestar e incluso cansancio físico cuando se ve absorbida por este tipo de individuos. Sin entrar en los mismos y viendo la gran demanda que existe para ver cómo se puede lidiar con tales personas, me dedicaré a explicar qué podemos hacer para mantenerlos alejados, protegernos y practicar el autorespeto, como derecho que tenemos. Antes por eso me gustaría decir qué efectos causan en nosotros.

¿Qué efectos negativos causan las personas tóxicas?
No es raro que tras exponernos a relaciones que nos quitan vitalidad podamos sentir un descenso de nuestro nivel de energía, un bajo nivel de confianza en nosotros mismos, estrés y tensión. Por otra parte también es común encontrarnos saturados y cansados físicamente y puede haber sentimientos de angustia y depresión. La sintomatología psicosomática también puede estar presente.

La importancia de los límites.
No solo nadie tiene la culpa de las carencias y problemas de los otros, sino que nadie tiene porque acarrear con ello. Aunque esto es sencillo de entender, hay gente que de manera inconsciente y sistemática “vomita” en los demás todas sus incapacidades y malas gestiones emocionales, creando mucho malestar en quien las recibe. Para ello es importante tener en cuenta que solo nosotros vamos a tener que poner el freno, una vez hayamos identificado que esa persona nos resulta “dañina” para nuestro equilibrio psicológico.

Poner límites significa en primer lugar, entender que tenemos el derecho a defender nuestro bienestar. Los demás son importantes pero nosotros también y a veces olvidamos esto último cuando sucumbimos forzadamente a las demandas de alguien “desvalido” con su caótico mundo de emociones. Así que el primer paso es saber que merecemos respetarnos. Una vez tengamos claro que nuestra satisfacción también es importante, hay que ponerla en práctica. ¿Cómo? Estableciendo límites claros con la persona que intenta ejercer su presión hacia nosotros.

Reaccionar con agresividad no sería una buena estrategia. Debemos hacer uso de la asertividad para mantener nuestro espacio y que el otro sepa cuál es la frontera. Seamos amables al decir “ahora no puedo atenderte o estar por ti” diciéndolo con seguridad y firmeza. Utilizar la empatía para que el otro sepa hasta donde puede entrar también nos ayudará. Expresiones como “me gustaría pero no puedo ayudarte con eso” o “entiéndeme, no me apetece hablar de esto, ahora” nos refuerzan la autoestima y nos dejan en una posición de bienestar. Las personas que buscan la aprobación constante con un “todo me pasa a mí”, “siempre tengo la culpa” o “soy un desgraciado” nos invitan a estar pendientes de ellas. No debemos pretender “arreglarles la vida” ni hacerles entender que están equivocadas. Tan solo hemos de no dejar que eso nos impregne de amargura con frases del tipo; “creo que a todo el mundo nos pasan cosas” o “siento que lo estés viviendo así”.

Por otra parte cuando nos sintamos mal o incomodados debemos hacerlo saber. “no entiendo que quieres decir con esto, explícamelo” o “me he sentido incómodo con lo que has dicho” Hay que decir las cosas claras, con amabilidad y respeto. Por otra parte, hemos de saber que tenemos derecho a la intimidad y a ser respetados. Debemos evitar dar muchas confianzas y si sentimos la intrusión del otro, hemos de hacerle saber que está sobrepasando el límite.




En resumen; no podemos elegir cómo quiere vivir el otro, pero sí como queremos vivir nosotros mismos. Si sentimos la amenaza de que alguien está tambaleando nuestro equilibrio psicológico hemos de hacer uso de los límites con asertividad y sabiendo que tenemos completo derecho a preservarnos.

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