LA ACTITUD DE VIVIR EN EL PRESENTE




Hoy es hoy pero pocas veces hablamos de “ahora”.

Quedamos con un amigo y le contamos que estamos bien, pero en nuestro discurso aparece el ayer y el mañana. Podemos por ejemplo explicar que recientemente hemos estado contentos o que esperamos algo con ilusión. Ambos sucesos, existentes o no, fluctúan en lo que ya ha pasado y en lo que vendrá. Si por el contrario le explicamos que estamos mal, de la misma manera nuestro lenguaje se basara en algo que ya ha ocurrido o en algo que tememos que suceda. ¿Dónde queda entonces el presente?

A veces me ocurre que cuando alguien me saluda me dice: “hoy estoy bien pero uff…” (Suspira y menciona sus días anteriores). Yo interpreto justo ese mensaje; el de “hoy, (ahora, es decir, en el momento presente) estoy bien”, sin embargo ese bien parece desaparecer ya que la persona sigue viviendo en ese suceso que ya ocurrió. Algo que había mermado se mantiene desde el pasado.

Este tipo de vivencia la llevamos con nosotros muy a menudo.
Pocas veces salimos de casa y decimos: “hoy es un gran día”. Opuestamente solemos pensar cómo fue lo que hicimos ayer o cómo será lo que nos planteamos para mañana. Vivir en el presente cuesta y cuesta mucho. De mientras el tiempo pasa….

El desgaste emocional que provoca vivir en una realidad imaginada o en una situación vivida es grande. La ansiedad, la rabia, la impotencia… son algunos ejemplos. Ciertamente las cosas pasan y las cosas vendrán pero anclarnos en eso nos daña. La actitud de vivir en el presente es costosa pero no imposible. Saber disfrutar y también agradecer lo que nos ocurre en cada momento, no es sólo un ejercicio sino también es una manera de encarar la vida y de apostar por la felicidad.




¿Cómo es la actitud de vivir en el presente?

Pon atención: saber lo que está ocurriendo y concentrarnos en lo que está pasando en el momento presente nos ayudará a tomar conciencia. Centrarse en el “ahora” es poner atención.

Trabaja en la aceptación de que el hoy no vuelve: a veces dejamos las cosas para mañana, como si tuviéramos la certeza de que podremos hacerlas. Dar importancia al “momento” nos ayudará a valorarlo. Si realmente podemos hacer algo que está en nuestras manos ¿por qué esperar?

Acepta: cuando aceptamos los hechos que vienen, aunque no resulten agradables, podemos minimizar su impacto. Esto no quiere decir que si estamos tristes no nos entristezcamos, sino que conlleva la práctica de asumir lo que ocurre e interiorizarlo de manera sana.

Interpreta lo que estás sintiendo: ¿qué ocurre? Y ¿qué gravedad tiene? Conecta con tu yo para saber exactamente qué y cómo es lo que sientes, sin agregar hipótesis y sin lamentar sucesos.

Cuenta con el margen de error: hay cosas que se escapan a nuestro control y no podemos manipularlas. Pasan y no por ello debemos sentirnos culpables ni intentar hacernos dueños de las mismas. Cuenta que siempre hay un margen que no depende de nosotros y del cual no somos responsables ni tenemos el poder para cambiarlo.

Distingue: cuando vivimos en lo que no se puede remediar o en lo que puede pasar, estamos viviendo erróneamente. Distingue entre lo que está ocurriendo ahora. Tú eres el único dueño de tomar el control sobre el tiempo presente.

Practica la gratitud: cuando damos las gracias, estamos valorando y siendo conscientes de lo que está sucediendo. Esto nos generará sentimientos de bienestar y de paz. También tendremos más energía y nos volverá más empáticos y sociables.




El ejercicio de vivir aquí y ahora aporta beneficios psicológicos importantes. Nos hace ser los responsables de tomar una actitud más positiva, nos hace disfrutar de pequeños momentos que de lo contrario se nos escapan, nos hace ser conscientes de que lo único que se está dando es lo que está pasando en el momento, nos aleja de la ansiedad, nos devuelve la energía... Y lo más importante es que nos hace ser dueños de nuestro estado. Disfruta, aquí y ahora. Este momento nunca vuelve.




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